Encuesta sobre la reforma constitucional

“No tengo dudas acerca de esa necesidad y diversos fundamentos me permitirían al menos desde mi óptica dar una respuesta simple y acotada satisfaciendo elegantemente su interrogante. Pero esta cuestión me retrotrae a un debate similar planteado allá por 1986 o 1987, cuando en pleno apogeo de la gestión del Presidente Alfonsín, el Consejo para la Consolidación de la Democracia se expidió favorablemente acerca de la necesidad, conveniencia y oportunidad de la reforma constitucional. 

Por entonces muchos antirreformistas de toda la vida se convirtieron en noveles promotores de la mutación constitucional y los que habían sido “prohombres de la reforma”, en reticencia al cambio. Dije entonces, – y quisiera ahora deliberadamente atarme a las palabras a costa, incluso de mi posicionamiento político -que más que la necesidad de la mentada reforma constitucional pareciera -a veces- que lo que están en el debate son las conveniencias de circunstanciales protagonistas de la política argentina. Más que un análisis serio del momento oportuno para producir la reforma pareciera que dependemos de cálculos de probabilidades y proyecciones políticas según sea la momentánea ubicación de los partidos y sus hombres en la escena nacional. Se corre el riesgo así de convertir oportunidad en oportunismo. En cargar de hipocresía un tema que por su relevancia merecería mejor destino.

Revisar la Constitución significa movilizar a la sociedad toda, pueblo y dirigencia, hacia la discusión del modelo societario que la rige y que se cuestiona. Significa encontrar en reemplazo de aquél, un sistema de convivencia que siendo altamente participativo para consolidar el estado democrático, asegure, al mismo tiempo, la mayor justicia y equidad en la distribución del producido social. Que consagre normas transformadoras y simultáneamente mecanismos que aseguren su efectiva vigencia y no sirva solo para tranquilizar las conciencias de quienes quieren una buena declaración de propósitos o lo que es peor todavía, una apariencia jurídica respetable para solapar un sistema esencialmente injusto.

¿Qué opina de la reelección presidencial?


No veo objeciones a tal posibilidad. Además, dentro del contexto precedente, el tema cobra otra dimensión y pierde, creo, el voltaje que hoy se le da. Lo que me parece un despropósito y no lo digo yo sino el más encumbrado funcionario político del actual gabinete nacional, es abrir la discusión y centrarla en el servil debate de considerar a la reforma como sinónimo de reelección presidencial. Un modelo societario debe asentarse sobre los mayores consensos posibles y no en tentaciones hegemónicas, delirios perpetuacionistas o mezquindades personales. Hoy necesitamos -fuera de berretines y obsecuencias de un lado y temores no menos entendibles del otro- por el desafío que el tema lleva implícito, tomar la reelección -si se quiere- incluso como una motivación de origen que pueda darnos pie a una seria reconversión del tema y abrir las puertas a una discusión política de alta envergadura sobre el diseño, el andamiaje constitucional que Argentina necesita en las próximas décadas para compatibilizar crecimiento económico con mayor poder ciudadano. Ambos elementos inescindiblemente activados, reaseguran equidad social y freno a la corrupción en el ejercicio del poder.

¿Debe convocarse a un plebiscito para conocer la voluntad de los ciudadanos?

Todo aquello que permita ampliar la participación del hombre común en los procesos políticos, me parece saludable. Es importante para nuestra consolidación democrática, no limitar la presencia del ciudadano a los tiempos electorales luego de los cuales se lo excluye o aleja de decisiones políticas trascendentes. Además, la consulta popular facilita la intermediación de los partidos con la sociedad política y da mayor legitimación a los actos de Gobierno. La suspicacia frente a este tipo de convocatoria surge cuando no está debidamente institucionalizada ni tienen la frecuencia que todo hecho relevante de la vida política argentina debiera imponerle. Pareciera ser una herramienta no debidamente internalizada por partidos, gobernantes y sociedad para garantizar una filosofía participativa real y efectiva. 

Personalmente, me hubiese gustado instrumentar consultas populares para conocer la opinión de los argentinos sobre la política de privatizaciones o sobre el papel de nuestro país frente a algunas decisiones internacionales; o la de los misioneros sobre el sistema educativo provincial, o sobre algunas obras de impacto regional que, para bien o para mal, nos afectarán por el resto de nuestros días, o sobre la condonación de deudas del banco local a sus grandes deudores; o a los vecinos de Posadas sobre la ejecución de algunas obras prioritarias o sobre la prestación de servicios públicos esenciales para el Municipio, sólo por citar algunos ejemplos”

(*) Rector de la UNaM

[1] Diario Primera Edición, texto extraído de la Sección: Información General, pág. 5, Posadas, Misiones (17/02/1993)

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