Doctorado Honoris Causa al Dr. Magnus Morner

Ilustre profesor, autoridades presentes, señoras y señores: Es para mi un alto honor poder saludar, en nombre de la Universidad Nacional de Misiones, al Doctor Magnus Mörner en el inicio de esta ceremonia, dándole a su vez, la más afectuosa bienvenida a nuestra casa a la que, en momentos más, se integrará como hijo dilecto en reconocimiento a sus destacados méritos científicos. El regocijo espiritual que nos provoca su compañía y el profundo orgullo de nuestra institución al recibirlo en su seno, no son más que exteriorizaciones de respeto y admiración hacia su vida intelectual y su conducta académica. Lúcido y profundo en el plano de las ideas, y con la sencillez propia de los valores auténticos, nos ha demostrado desde su llegada que la cultura es, en todo caso, “un terreno común donde la vanidad no tiene parcela”.
El acontecimiento que nos reune no es casual. Nuestra convocatoria a la más alta competencia científico –profesional, a la inteligencia que en decantada experiencia fragua sabiduría, aspira a movilizar fecundamente la actividad de nuestra comunidad universitaria en su conjunto. En tal sentido, la presencia, la prestigiosa presencia del Dr. Magnus Mörner es, es en sí misma, un hecho académico relevante. Pero además, hemos querido, por sobre todo, vincular su llegada al lanzamiento publico de un ambicioso programa de investigación y Formación de Recursos Humanos referido a las “Misiones Jesuíticas de Guaraníes” al que se incorporan cada una desde su perspectiva todas las unidades académicas de nuestra casa y un número significativo de investigadores desde sus diferentes disciplinas científicas.
Deseamos así, capitalizar los logros de las investigaciones que se realizan en distintos ámbitos de nuestra Universidad, unificándolos en un programa común; demostrar que la experiencia jesuítica constituye un antecedente invalorable para cualquier emprendimiento relacionado con la utilización y preservación de los recursos naturales de la región; incentivar la cohesión de la heterogénea sociedad misionera mediante el conocimiento e interpretación de los testimonios jesuíticos, como parte de un patrimonio común, promoviendo acciones que permitan la identificación de los distintos sectores de la comunidad con sus reducciones.
Para una Universidad como la nuestra, instalada en el epicentro de la región misionera histórica, preocupada, además, por revalorizar día a día su potencial científico y las tareas de investigación que en ella se realizan, este emprendimiento constituye un desafío ineludible y una manera efectiva de poner en manos de la comunidad, nuestros propios recursos humanos, a través del tratamiento de un tema claramente arraigado, como hito significativo de su historia. El propio nombre de nuestra provincia alude a ese pasado fecundo, marcado por la presencia dinámica y creadora de la experiencia jesuítica. Experiencia que se tradujo en logros que aún hoy pueden servir a la búsqueda de estrategias de solución a nuestros múltiples problemas regionales.
Sírvanos en ello y a mero título de referencia el ejemplar empleo de los recursos ambientales de que hizo gala la experiencia jesuítica. Recursos que por tanto tiempo después fueron mirados con desdén o indiferencia y que hoy constituyen el eje central de un desafío particular que nos convoca a reconciliar las exigencias del crecimiento con el carácter finito de aquello que al comprender, finalmente, la limitación regenerativa de nuestros propios ecosistemas. Una experiencia rica para podernos ver, incluso, con renovados ojos de asombro a nosotros mismos a través de nuestros antepasados. Una experiencia que deseamos revalorizar con la comunidad toda y con el respaldo científico de nuestro ilustre visitante quién como historiador del pasado regional, ha efectivizado una valiosísima contribución sobre aquella.
Su tesis doctoral “Actividades políticas y económicas de los jesuitas en el río de la Plata” y sus obras posteriores han permitido una lectura constrastiva de las misiones en el panorama colonial de notable valor. De nuestra parte, asimismo, asumimos el compromiso inalterable del trabajo cotidiano y silencioso, asentado en el mayor rigor científico posible de nuestros investigadores. Un trabajo que, de algún modo, ya hemos iniciado hace años, en el ámbito del Centro de Estudios Históricos- Culturales de esta Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y a cuyos integrantes, aún sin ser la oportunidad, deseo expresar también mi reconocimiento. En especial, a su gestora, la profesora Ángela Perié de Schiavoni, quién, con su admirable capacidad movilizante, ha conseguido germinar un espacio de compromiso y de renovada energía creadora para con la historia regional.
Señores, señoras: El día que Gabriel García Márquez recibió el Premio Nobel de Literatura, supo señalar con amargura la incomprensión de ciertos talentos racionales del viejo mundo, que extasiados en la contemplación de sus propias culturas, han quedado sin método válido para interpretarnos. “Insisten en medirnos -decía- con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fuera para ellos”. No es, por fortuna, el caso de nuestro ilustre visitante. Por el contrario, el Dr. Magnus Mörner desde su plenitud intelectual, con lúcido estilo penetró en el incierto campo de la indagación histórica de nuestros pueblos. Sus metas alejadas de horizontes estrechos, fueron asumidas desde un abierto espectro y desde él, con creatividad metodológica y contribuciones originales produjo resultados concretos en beneficio del patrimonio científico de la humanidad. Con su competencia científica aún hoy sigue desde su distante Gothenburg, insinuando caminos e itinerarios posibles a sus discípulos y con la ejemplaridad de su obra y trayectoria pareciera recordarnos a cada uno de nosotros aquella proverbial recomendación:
“DONDE ESTÉS, CAVA PROFUNDAMENTE”.
“DEBAJO DE TUS PIES, ESTA LA FUENTE…”
Al Dr. Magnus Mörner y a todos ustedes, gracias por estar hoy aquí.

Discurso del Dr. Ricardo Roberto Biazzi, Rector de la UNaM (Mayo de 1991)

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